Corrupción, divino tesoro… para algunos


El Banco Mundial está preparando una acción de fuerte compromiso anticorrupción que se basa en el documento titulado Strengthening Bank Group Engagement on Governance and Anticorruption (GAC, 5/IX/2006). El GAC es un documento extenso, de objetivo ambicioso, que aspira a implicar de lleno al Banco en la lucha contra la corrupción en sus países miembros.

Aunque pendiente de aprobación por el Comité de Desarrollo (CD), se trata de una amplia estrategia anticorrupción del Banco Mundial, en la que se ha de examinar el fuerte matiz político que puede adquirir la actividad del Banco cuando pretenda valorar a fondo el estado de corrupción en países miembros.
La estrategia propuesta ahora es más ambiciosa que otras anteriores, porque las actuaciones del Banco se definirían en función de su propia valoración acerca del estado general de corrupción de cada país. No obstante, dadas las vinculaciones entre corrupción y poder, y las limitaciones estatutarias impuestas al Banco, convendrá antes reflexionar sobre las implicaciones políticas de este enfoque.
Desde luego, hay poco nuevo bajo el sol, pero la legitimación del Banco Mundial para emprender este cometido suscita algunas cuestiones interesantes que se han venido comentando por distintos medios con interés.

Investigar la corrupción en el sector público de un país exige al staff del BM acceso a numerosos rincones de la organización política y, sin duda, a los protagonistas de la corrupción, individuos que a menudo forman parte de las estructuras administrativas o de sus niveles de mando político o tienen estructurada una “guardia pretoriana” difícil de traspasar.

En cualquier caso, los países miembros (y propietarios) del Banco Mundial deben ser conscientes y así, a través del CD, aprobar, en sus grandes líneas, la estrategia y una potente instrumentalización de apoyo financiero y técnico dirigidos a comprobar las estrategias gubernamentales de crecimiento, inclusive políticas de reforma administrativa y de mercados, sin necesidad alguna de implicarse en los procesos de política interna de los países. Pero el Banco difícilmente podrá abordar los programas de trabajo anticorrupción que se apuntan en el GAC sin colocarse al límite mismo, o más allá del límite del mandato estatutario que formalmente le veda el acceso a la actividad política de cada miembro o país participante.
Por otra parte, sería importante que los países miembros no se vieran obligados a aceptar la estrategia propuesta porque la consideren como única línea de entrada del Banco Mundial en la lucha anticorrupción.

Desde la introducción de reformas institucionales hasta la financiación o asistencia técnica a proyectos de desarrollo, el Banco ha cumplido y puede seguir cumpliendo una misión importante y crítica en favor del crecimiento económico, cuyos efectos sobre la corrupción, aunque indirectos, no pueden ignorarse.
Pero, como decía Lord Acton, famoso pensador inglés del Siglo XIX “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe completamente”. Con la experiencia del último siglo se podría perfeccionar esa frase diciendo que “el poder sin alternancia política produce corrupción, con mucha seguridad”.
Así, son famosos por su impacto político, los casos de corrupción de las últimas décadas en Europa, como en los casos de España e Italia, o en Latinoamérica, como en los casos de México, Argentina o Brasil, por poner sólo algunos ejemplos. En ellos, la falta de alternancia o control adecuado sobre el poder facilitó actos de corrupción que llevaron a la desaparición de partidos, coaliciones políticas o grandes líderes de la esfera pública.
Todo ello derivado de aquellos parlamentarios o funcionarios políticos que usaban su poder o información privilegiada para extraer recursos, desde empresarios privados que solicitaban permisos para desarrollar actividades de servicios públicos o privatizados o áreas como la especulación inmobiliaria a ultranza.

No obstante, la perfección de los corruptos o corruptores hace imposible detectar todos los casos de corrupción de hoy.
En cualquier caso, toda acción contra la corrupción es importante, como la información y el conocimiento de los Indices de Percepción de la Corrupción (IPCs), como los que elabora Transparency Internacional. Una puntuación de sus IPCs que corresponde a las percepciones del grado de corrupción según la ven los empresarios y los analistas de cada país y que van desde 10 (altamente transparente) a 0 puntos (altamente corrupto).
Transparency International encargó el estudio de 2006 al profesor Dr. J. Graf Lambsdorff de la Universidad de Passau y elaborar la tabla de los IPCs. La Universidad de Passau tiene gran reputación dentro de Alemania y sus estudios de Derecho y Ciencias Económicas tienen prestigio internacional.
Así, de la encuesta y estudio del año 2006 se desprende que en los primeros lugares de transparencia figura Finlandia, Islandia y Nueva Zelanda con 9,6 puntos, seguidos, hasta los diez primeros, de Dinamarca, Singapur, Suecia, Suiza, Noruega, Australia y Holanda, este último con 8,7 puntos.
El primer país latinoamericano puntuado en transparencia es Chile, que aparece en el puesto 21 con 7,3 puntos, seguido de Estados Unidos y España 6,8 puntos.
El resto de los países latinoamericanos se ubican en orden a partir del puesto 29, donde figura Uruguay con 6,4 puntos y le siguen, por este orden, desde el puesto 53: Costa Rica, El Salvador, Colombia, Cuba, Brasil, México, Perú, Panamá, Argentina, República Dominicana, Bolivia, Guatemala, Paraguay, Honduras, Ecuador, Venezuela y Haití, que figura en el puesto 163 con 1,8 puntos y es el último de la lista.
Las encuestas realizadas que se hacen para la evaluación de cada país son, normalmente, doce, que se hacen a instituciones y empresas y sus evaluaciones son ejecutadas por expertos.
Como conclusión de todo ello, se puede decir que algo vamos caminando hacia un objetivo, pero, en mi opinión, ni con estos cortos pasos, ni con estos escasos medios, ni con estos cortos tiempos de dedicación, más bien parece una justificación, porque la carrera y los retos son diarios, y los “especialistas corruptos y corruptores” nos llevan mucha ventaja. Así, veremos poco nuevo bajo el sol, y frustración e inseguridad seguirán siendo el pan nuestro de cada día.

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