Hacia una nueva percepción de la seguridad y la protección. Desafíos y oportunidades


La percepción de inseguridad es la alarma que se provoca en nuestro cerebro y nos mantiene con vida pero la diferencia que hay entre sentirnos seguros y estar realmente a salvo tiene que ver con saber cuáles son las nuevas amenazas a las que ahora nos enfrentamos y qué posibilidades reales tenemos de evitarlas para no vivir permanentemente con miedo.

Manuel Sánchez Gómez-Merelo
Consultor Internacional de Seguridad

Sentirse seguro hace referencia a una percepción, a una vivencia, que puede ajustarse o no a la realidad y la sensación de seguridad depende sobre todo de tener una percepción de control del momento.

Para ello, entender lo que ocurre es especialmente importante, de ahí que las noticias sensacionalistas, las informaciones sesgadas y hasta contradictorias generen alarma social y hagan tanto daño a la población, pues aumenta su sensación de inseguridad y descontrol.

Por otro lado, el cómo afronta cada uno la adversidad dice mucho de nosotros mismos, y más que las circunstancias, es lo que marca la diferencia de ver la tragedia o la oportunidad.

La seguridad es una experiencia subjetiva e intrínseca de cada persona y, teniendo en cuenta esta definición, es razonable pensar que la sensación o la seguridad real cambian en función de las circunstancias.

Hacia una nueva percepción de la seguridad y la protección. Desafíos y oportunidades, por Manuel Sánchez Gómez-MereloHay que prevenir, tomar las medidas que sean necesarias y controlar, dentro de nuestras posibilidades, el entorno para poder protegernos.

Ahora, los riesgos que conlleva la pandemia son reales, la COVID-19, a pesar de su baja tasa de mortalidad, es una amenaza a la salud pública por su alta tasa de mutación y contagio así que recordemos que, al miedo bien educado se le llama prudencia y es una excelente virtud.

Pasado… análisis y realidad

En el pasado reciente, más que el concepto de seguridad, lo que ha cambiado han sido las circunstancias y, efectivamente, nos enfrentamos a una situación en la que vamos a tener que analizar y reevaluar continuamente lo que es seguro y lo que no para proteger, prioritariamente, nuestra salud en un sentido amplio para entender que no sólo debemos protegernos de la infección sino también de la ansiedad, la depresión que pueden ser producidas por un exceso de protección en nuestro día a día.

La reciente pandemia es una oportunidad para examinar el estilo de vida que llevamos en nuestras actividades empresariales, laborales y sociales.

Así, simplemente aplicando el sentido común y teniendo en cuenta que vivimos periodos muy inciertos en los que no debemos dejar de analizar el pasado, no deberíamos presuponer qué es seguro y qué no, debemos analizar cada situación según las circunstancias, el momento y el contexto.

Intentemos construir una sensación de seguridad al sentir que tenemos cierto grado de influencia, control y poder sobre aquello que nos puede afectar.

Presente… panorama complicado

La COVID-19 ha puesto patas arriba nuestra sociedad global y ha cambiado nuestra percepción de seguridad. Cosas que antes eran tan normales y tan “seguras” como asistir a reuniones, actos sociales o, incluso reuniones familiares se nos ha complicado.

Pero, una cualidad maravillosa del ser humano es nuestra capacidad de adaptación y ahora, debemos aprender a cambiar muchas cosas y adaptarnos a las nuevas circunstancias, sean provisionales o hayan venido para quedarse.

Tenemos que asumir que, aunque hay cosas que no debemos o podemos hacer, hay otras que perfectamente siguiendo las medidas de prevención o protección, principalmente las indicadas por las autoridades sanitarias.

Los confinamientos han tenido un efecto aparentemente negativo en la salud de las personas pero han hecho que mucha gente se pare y tome conciencia de muchas cosas y que lo primero es lo primero: la salud.

Existen muchas medidas de prevención y protección que dependen en gran medida de nosotros, aunque las vulnerabilidades son un problema muy serio.

No obstante, el nivel de exigencia y seguridad de las organizaciones públicas y privadas clientes es cada vez mayor. La pandemia ha impulsado la digitalización, pero también ha transformado la manera en la que nos comunicamos e interactuamos.

Así ahora, es imprescindible anticiparse a las exigencias y nuevas necesidades de los ciudadanos, entidades públicas y privadas para analizar los nuevos retos y requisitos que implican llevar a cabo una nueva estrategia de seguridad.

Ya no vale ser reactivo, esperar a que llegue la demanda de nuevas seguridades, hay que monitorizar y analizar para adelantarse, proponiendo actualizaciones y recomendaciones, incluso cambios de paradigmas.

Para ello, hemos de potenciar y acelerar el proceso de la necesaria colaboración público-privada que tantos beneficios puede aportar al ciudadano y su seguridad.

Futuro… retos y oportunidades

Aportar al ciudadano nuevas soluciones es un auténtico reto. Lo bueno es que tenemos herramientas al alcance para lograrlo así como, nuevas tecnologías como la Internet de las Cosas, la Inteligencia Artificial, las Plataformas de Formación online, los sistemas de Seguimiento, Monitorización y Control, etcétera.

Proactividad y personalización son las claves para la nueva estrategia de seguridad y sus principales retos se centran la: Capacidad de integración y despliegue de soluciones operacionales especializadas; Proyectos integrales de seguridad para minimizar las vulnerabilidades físicas y lógicas; Gestión integral del riesgo; Explotación y gestión de datos para optimizar los procesos críticos; Despliegue de redes de comunicación robustas, inteligentes y seguras; Mejorar la capacidad de resiliencia, especialmente en la ciberseguridad; Integrar la información para garantizar la eficiencia operacional; Construir mejores servicios potenciando la inteligencia a través de la información; Personalización de la gestión del video inteligente.

Hacia una nueva percepción de la seguridad y la protección. Desafíos y oportunidades, por Manuel Sánchez Gómez-MereloHemos de desarrollar proyectos de integración que abarquen desde el análisis actual de las distintas actividades, hasta el nuevo planteamiento de la infraestructura tecnológica y las soluciones operacionales que permitan gestionar y explotar adecuadamente las acciones de futuro por evolución estratégica, tecnológica, operativa, etcétera.

Esta nueva propuesta será de seguridad global, física y lógica y de ciberseguridad para cada infraestructura u organización, de sus procesos para garantizar la continuidad de la actividad o del negocio.

Es igualmente importante, la convergencia de las reglamentaciones y los nuevos planteamientos de la seguridad en el diseño.

Una nueva propuesta de la convergencia y el análisis de ideas en colaboración para: Buscar el punto de equilibrio de las acciones; el complejo reto de la transformación digital; la formación especializada de los nuevos profesionales; las prioridades de seguridad en el teletrabajo; la revisión de los planes de seguridad y emergencia, etcétera.

En definitiva, el análisis y el planteamiento hacia la convergencia de las seguridades y sus entidades, hacia un nuevo Plan Integral e Integrado de Seguridad.

Con todo ello, aprenderemos a confiar, a sentirnos seguros y a salvo aunque haya circunstancias que se escapen a nuestro control. Aprenderemos a gestionar la incertidumbre.

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