En busca de un nuevo paradigma de seguridad


Vivimos momentos de imprescindible reflexión en la compleja ciencia de la seguridad, cuyos paradigmas se tambalean tras los impactos sufridos en sus cimientos teóricos. Aunque los analistas no creen que vaya a haber un colapso de la seguridad ciudadana y el terrorismo, los paradigmas actuales no presentan buenos pronósticos, ni indicadores ni tendencias que una lógica positiva pueda sostener.

Creo que es importante recordar que ninguna amenaza o crisis de seguridad es igual a otra, pero podemos aprender mucho del pasado, y hay elementos que se parecen a los que en crisis anteriores han producido o terminado en conflictos o amenazas permanentes.

En este sentido, uno de los impactos más importantes ha sido el daño irreversible y la alarma social provocados en EE.UU. tras aquel nefasto 11S de 2001, que sigue vivo en la mente de muchos ciudadanos. La experiencia fue terrorífica, y vimos, cuando menos, desdibujarse los guardabarreras de nuestros miedos, cambiar nuestra percepción del terrorismo y desmontarse el paradigma de la seguridad que gozábamos en un mundo protector y protegido, que creíamos casi invulnerable.11sPero esta pérdida de referentes no ha sido generada solo por las acciones violentas de grupos fanáticos o personas autoexcluidas del sistema, sino que las acciones y omisiones que les precedieron echaron leña al fuego y cocieron a fuego lento conflictos armados, inmigración obligada de refugiados, desigualdad en el reparto de los bienes patrimoniales, miseria, desempleo, corrupción, carencias y diferencias sociales, enfrentamientos étnicos y muchos otros crímenes, desequilibrios y desmanes que provocan crecientes traumas, tensiones y estrés social.

Ese, y no otro, es el caldo de cultivo que desemboca en una inseguridad humana local y global que se hace manifiesta en un determinado momento, pero proviene de tiempo atrás. Las crisis de seguridad se toman su tiempo para desarrollarse.

Por otro lado, la respuesta desplegada contra este tipo de terrorismo de alto impacto social, principalmente a través de las llamadas guerras preventivas,  ha producido un efecto en cascada de llamada o de contagio y muchos daños colaterales. Como consecuencia, el peligro de la amenaza terrorista experimentado en un área geográfica determinada se ha esparcido a otras áreas, en principio no relacionadas, a través del mal llamado “eje del mal”.

A este respecto, es importante tener en cuenta el modo en el que actúan los noticiarios, medios de comunicación, Internet y redes sociales, generando corrientes, tendencias y emociones que hacen que la gente se enfoque en lo instantáneo y siga con facilidad corrientes de opinión irracionales, olvidándose de reflexionar y buscar opiniones propias basadas en el conocimiento del origen y variables presentes en cualquier crisis o conflicto.

Desafortunadamente, no es dentro de ese contexto ni con esas variables como puede gestionar el mundo sus seguridades e inseguridades.

Precisamos de nuevos paradigmas de seguridad, nuevos sistemas de investigación, prevención, protección y respuesta inteligente a los nuevos riesgos y amenazas a enfrentar, dado que los mantenidos hasta este momento están obsoletos.

Para cualquier análisis es preciso contar con la experiencia y, nosotros, con el paso del tiempo, hemos podido comprobar cómo los problemas de seguridad se han de abordar como sistemas complejos, y la teoría de la complejidad, una rama de la física, puede ser una buena forma de entender y gestionar el riesgo, y de pronosticar colapsos o situaciones de gran impacto social. (Sobre este asunto ya he disertado y escrito artículos que fueron publicados en revistas y blogs profesionales, pero siempre es necesario seguir profundizando).

Sobre la seguridad y la complejidad

Hasta el 11S se tenía la certeza absoluta de que el paradigma de seguridad existente, modelo de protección que pretendía asegurarnos un confort inextinguible y aparentemente controlado, era el único posible.

Este hecho, me parece de especial importancia, puesto que, cuando realizamos afirmaciones de este tipo, tan taxativas, sobre la imposibilidad de la existencia de más opciones que las planteadas, como es el caso de algunos países anclados en la prepotencia, suele ocurrir que esa letanía acaba convirtiéndose en una creencia, y lo que tienen las creencias, principalmente, es que acaban por condicionar los comportamientos y las decisiones desde lo personal hasta lo político e institucional. Las acciones y decisiones que tomemos estarán influenciadas por esas certezas absolutas equivocadas o poco sostenibles.

Ahora, cuando realicemos estudios de seguridad, cuando planifiquemos la implantación de nuevos métodos o adquisición de nuevos equipamientos o instalaciones, o cuando abordemos los planes formativos de seguridad en nuestras infraestructuras, no debemos hacerlo condicionados por esa falsa certeza de tenerlo todo completamente controlado, puesto que ya sabemos que la seguridad total no existe y la inseguridad está globalizada.

La realidad es que no sólo debemos tener en cuenta que la seguridad es un sistema complejo, sino que, además, debemos contraponer sencillez a complejidad. La complejidad derivada de la globalización y la elevada interconexión de las inseguridades se debe contrarrestar o contrastar con la situación básica de la seguridad en las infraestructuras estratégicas y críticas, en general, y en algunos países, en particular.

La idea principal no es tratar de predecir sucesos como si fueran cisnes negros, según la teoría de Taled, sino construir robustez de conocimiento frente a las actitudes negativas que se producen y poder aprovechar el pensamiento positivo. Taleb, en su aplicación a la economía, sostiene que los bancos y empresas comerciales son muy vulnerables a sucesos peligrosos tipo “cisne negro” y están expuestos a pérdidas superiores a las pronosticadas por los modelos estadísticos y matemáticos, que él considera defectuosos. En nuestra aplicación a las seguridades, las vulnerabilidades se encuentran en los ciudadanos, en general y en las infraestructuras estratégicas y críticas, en particular.

Y es que incrementar las inseguridades provoca salvajes y peligrosas oscilaciones que no dejan margen al error y la convivencia global sostenible.

Por todo lo cual, debemos ir a un mundo en el que la seguridad globalizada sea más parecida al mundo real, donde los Estados, y no los ciudadanos, sean los que tomen los riesgos.

En este sentido, lo que aquí podemos llamar un “cisne negro” es un suceso bajo, al menos, tres aspectos. En primer lugar, el terrorismo de alto impacto social, ya no es un caso atípico y que se encuentra en el ámbito de las expectativas potenciales porque hay en el pasado graves experiencias que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. En segundo lugar, conlleva un objetivo de impacto extremo de daño indiscriminado. En tercer lugar, a pesar de su condición de gravedad, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones de su presencia después de los hechos, por lo que es explicable y predecible.

Cambios de paradigma de Kuhn

Un cambio de paradigma (o ciencia revolucionaria) es, según indica Thomas Kuhn[1] en su influyente libro “La estructura de las revoluciones científicas” (1962), una revolución científica, un cambio en los supuestos básicos, o paradigmas, dentro de la teoría dominante de la ciencia.paradigma-de-kuhnSegún Kuhn, «Un paradigma es lo que los miembros de una comunidad científica, y sólo ellos, comparten».

Una revolución científica se produce cuando, de acuerdo a Kuhn, los científicos encuentran anomalías que no pueden ser explicadas por el paradigma universalmente aceptado dentro del cual ha progresado la ciencia hasta ese momento. El paradigma no es simplemente la teoría vigente, sino toda la cosmovisión dentro de la que existe, y todas las implicaciones que conlleva.

Cuando suficientes anomalías significativas se han acumulado en contra de un paradigma vigente, la disciplina científica cae en un estado de crisis. Durante esta crisis se intentan nuevas ideas, tal vez las mismas que antes se descartaron. Finalmente, se forma un nuevo paradigma, que consigue sus propios seguidores, y ocurre una batalla intelectual entre los seguidores del nuevo paradigma y los que resisten con el viejo paradigma.

Cuando una determinada disciplina ha pasado de un paradigma a otro, esto se denomina, en terminología de Kuhn, una revolución científica o un cambio de paradigma. A menudo es la conclusión final, resultado de este largo proceso, lo que se entiende por cambio de paradigma cuando se usa el término coloquialmente; simplemente el cambio (a menudo radical) de la visión del mundo, sin hacer referencia a las especificidades del argumento histórico de Kuhn.

Desde la década de 1960, el término también se ha venido utilizando en numerosos contextos no científicos para describir un cambio profundo en un modelo fundamental o la percepción de acontecimientos, a pesar de que el propio Kuhn restringió el uso de la palabra a las ciencias duras. Este puede ser el caso de su aplicación a la ciencia de la seguridad, muy compleja y abierta a la necesidad de utilizar tanto el pensamiento newtoniano como el pensamiento cuántico.

No tenemos ni podemos tener todo bajo control

En materia de seguridad, es importante no olvidar y asumir permanentemente la realidad de que no tenemos ni podemos tener todo bajo control.

Con el tiempo vamos generando nuevos procedimientos de estudio y trabajo contra las inseguridades, aparecen nuevos equipamientos y sistemas de seguridad que, igualmente, traen consigo nuevos riesgos y nuevas variables que hemos de tener en cuenta y que se pueden escapar a nuestro control. Por tanto es de vital importancia mantener la percepción de que el riesgo puede acabar materializándose en cualquier momento.

En este sentido, es principal y fundamental el desarrollo permanente de nuevas metodologías de gestión del riesgo. Aquí es donde radica la importancia de este concepto pues nuestra guerra no es la aparición de “cisnes negros” o acciones puntuales. Los eventos adversos o materialización de los riesgos o amenazas aparecerán en el entorno de nuestras infraestructuras, cuando las circunstancias de inseguridad que las envuelven sean favorables para su aparición o ejecución.

1446APor tanto, en lugar de limitarnos a resolver las consecuencias de nuestras debilidades, promovamos la fortaleza que la inteligencia y la coordinación de medios puede proporcionarnos. Nuestras actuaciones deberán ir dirigidas a controlar ese entorno, a reducir al máximo la probabilidad de que estos “cisnes negros” aparezcan, y a minimizar al máximo el posible daño que estas acciones puedan generar.

Y es ahí donde entramos en juego todos los integrantes de una organización, infraestructura o institución a proteger, porque de todos nosotros depende el poder tener a nuestro alcance la mayor información, conocimiento e inteligencia que nos facilite ese control sobre el entorno y sus riesgos y amenazas.

A modo de resumen

La seguridad, la implantación de sus nuevos paradigmas, es una cuestión de actitudes y aptitudes.

De nosotros, de los ciudadanos en general, y de cada uno de, los recursos de seguridad pública y privada en particular, depende el añadir nuevos procedimientos y sistemas a nuestro haber para lograr el buen fin perseguido.

De nosotros depende el generar sinergias entre todos para su implementación y optimización de forma eficiente y sostenible.

De nosotros depende el adquirir la capacitación y destreza suficiente para su mejor utilización.

Porque cuanta más inteligencia, procedimientos y sistemas de seguridad tengamos a nuestra disposición, y cuanto más diestros seamos en su manejo, mayor será nuestra capacidad de controlar estos nuevos entornos de terrorismo de alto impacto social en un mundo de inseguridad globalizada.

Un sistema complejo puede entrar, en cualquier momento, en un estado crítico y la amenaza del terrorismo es como una nebulosa que nos impide ver lo que tenemos delante.

Enfrentémonos a los riesgos y amenazas con la máxima proactividad posible, basándonos en la inteligencia aplicada y los mejores sistemas de prevención y protección disponibles, bien planteados e implantados, pensando en global y actuando en local, y dejemos de obsesionarnos con los “cisnes negros”.

[1] Kuhn usó la ilusión óptica del pato-conejo para demostrar la forma en que un cambio de paradigma podía provocar que la misma información se viese de forma totalmente diferente. Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=667017
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