Seguridades e inseguridades. Presente y futuro, año cero


El 2020 ha sido el año de la pandemia y el confinamiento. El 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) le anunció al mundo que aquella infección viral nacida en China meses antes se había propagado de manera desbordada y constituía algo para muchos inimaginable: una pandemia. Millones de vidas estaban y siguen estando en riesgo en el planeta.

A la fecha de esta publicación, los datos de todo el mundo indican que más de 83 millones de personas se han contagiado, de ellas se han recuperado unos 47 millones y han fallecido más de 2 millones.

Manuel Sánchez Gómez-Merelo
Consultor Internacional de Seguridad


Así, 2020 ha sido un año como ningún otro que se recuerde. Pasará a la historia por muchas cosas, pero todas se empequeñecen en comparación con el desastre provocado por la crisis sanitaria más grave en el último siglo. La pandemia de la COVID-19 ha cambiado nuestras vidas, dejando al descubierto nuestra fragilidad colectiva y nuestras vulnerabilidades, provocando que, en gran medida, hayamos perdido la seguridad y, en cierto sentido, el control que teníamos sobre nuestras vidas.

También se ha puesto de manifiesto la especial letalidad que produce la confluencia con la gran crisis permanente que vivimos, que es la desigualdad. Durante 2020, debido a los cierres forzados por los confinamientos, principalmente en sectores como la restauración, el ocio o el turismo, los trabajadores y pequeñas empresas han tenido menos ingresos, y se han empobrecido o desaparecido, lo que ha hecho especialmente penosa esta pandemia para los más desfavorecidos. Siempre los mismos.

2021, un año para reorganizar las prioridades con seguridad

Después de un 2020 de muerte y enfermedad, de confinamientos y de recesión, en el que el mundo ha vivido en una extraña irrealidad, el año 2021 arranca entre la promesa de las vacunas que pongan fin a la incertidumbre y la angustia por posibles nuevas olas que nos devuelvan a los inicios de la pandemia, o peor si cabe.

En este 2021 resulta muy aconsejable que nos mostremos flexibles y dinámicos pues con la pandemia hemos aprendido a adaptarnos sobre la marcha, así que, a la hora de elaborar nuestras prioridades para este año, debemos hacerlo abordando nuestros objetivos e intereses desde una perspectiva diferente.

Esperemos que 2021 sea el año del regreso a la normalidad, pero a una normalidad con consciencia colectiva renovada para que, además de recuperarnos de la crisis sanitaria y económica que ocupa todas nuestras pantallas, hayamos ganado sentido de comunidad y consciencia social suficiente para emplearnos más seriamente en metas fundamentales de gran calado, como es el ocuparnos de manera eficiente en la más mortífera de las pandemias que nos acosan (el hambre y la falta de higiene de millones de seres humanos) y el cambio climático (con todo su rastro de catástrofes y la posible activación de nuevos virus que conlleva el daño permanente que producimos al ecosistema), así como la necesidad de llegar a soluciones éticas y positivas que permitan canalizar soluciones consensuadas al problema de la inmigración, entre otras prioridades, tan graves y tan mal atendidas.

Seguridades e inseguridades. Presente y futuro, año cero, por Manuel Sánchez Gómez-MereloEn cualquier caso, las cosas no volverán a ser como antes y hemos de ser conscientes de que es la civilización -o lo que así llamamos- la que ha alterado su hábitat y hecho aflorar al virus, propagándolo a través de la masiva intercomunicación de nuestro tiempo. Son nuevos tiempos que, sin embargo, no nos han permitido afrontar la pandemia de otro modo que como se ha hecho a lo largo de la historia, con las viejas técnicas de la distancia social: alejarnos unos de otros, cerrar espacios públicos, impedir encuentros masivos y llevar mascarillas. Ahora luchamos con el arma más moderna posible, la vacuna.

La COVID-19 nos ha enseñado que realmente somos una aldea global donde estamos relacionados y las acciones personales tienen un efecto directo en la sociedad. El propio Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS, así lo indicó: “No podremos volver a como hacíamos antes las cosas. El seguir como siempre nos ha fallado. Debemos reunirnos en una conversación a nivel global para convertir esas difíciles lecciones aprendidas en acción”.

Igualmente, la conciencia del cambio, como una evolución individual y colectiva, debe quedar como notable aprendizaje. El cambio es emocionante y debe ser permanente si se trata de la construcción de una sociedad más ética y justa que la actual.

El filósofo griego Heráclito decía que “no hay nada permanente, excepto el cambio”. Ante cualquier cambio tenemos tres opciones: podemos no hacer nada, adaptarnos o resistirnos.

Confinamiento, ha sido la palabra del año según la FundéuRAE (Real Academia de la Lengua). Otra realidad como consecuencia de la COVID-19 que nos enfrentó y midió el sentido de responsabilidad, generosidad y adaptación de vida de los ciudadanos de todas las edades y condiciones sociales. El sentir la vida en riesgo nos obligó a reducir la convivencia al mínimo, a estudiar y trabajar desde el hogar, a aplicar la disciplina, a ser autodidactas y a acelerar nuestro conocimiento y la transformación digital de las organizaciones. Y hemos aprendido a caminar, trabajar y a expresarnos con mascarilla.

Seguridades e inseguridades. Presente y futuro, año cero, por Manuel Sánchez Gómez-MereloTodo ello, debe llevarnos a considerar posible, y es absolutamente urgente, que con la crisis sanitaria se reordenen y modifiquen nuestras instituciones internacionales, nuestras metas, acuerdos y actitudes, y se ponga en valor la seguridad global al frente de nuestras prioridades. La seguridad global es la que afecta al conjunto de la humanidad y no solo a una nación u otra y esto es lo que hace que el virus tenga una capacidad de convocatoria del ingenio mundial, como nunca antes se ha visto.

Durante estos largos meses nos hemos dado cuenta de que no tenemos el control de todo, pero tocar de frente esa verdad nos está haciendo más resilientes y más conscientes de cuáles queremos que sean nuestras prioridades. De ahí la importancia de comenzar el nuevo periodo por una personal auditoría interna (práctica que, sin duda, está teniendo un papel destacado en esta crisis) para evaluar lo que, como retos y oportunidades, puede llegar a ofrecer el año 2021.

La seguridad, concepto protagonista para el 2021

En el ámbito empresarial, también procede adoptar la misma reflexión. Los informes de auditoría ponen de manifiesto la necesidad de que las organizaciones tengan bien establecidos los planes de continuidad, y sistemas para gestionarlos, así como los controles internos para poder anticiparse y responder a una crisis de inseguridad como esta, que ha resultado irrumpir con una interrupción operacional a escala mundial.

Para ser operativa y contribuir a nuestros fines, la auditoría interna debe tener una visión de futuro, ser proactiva e innovadora y continuar manteniéndose lo más cerca posible de la organización para poner en valor tanto sus riesgos como sus necesidades, lo cual implica cada vez más no solo consideraciones operacionales, sino también riesgos estratégicos y factores del entorno externo que actúan sobre la organización.

En este sentido, aquellas organizaciones con más visión de futuro han de utilizar la transformación digital, tanto para acelerar su reorganización, funcionamiento, competitividad y crecimiento a partir de la crisis económica, como para crear una resistencia operativa a las pandemias actuales y futuras.

Otro aspecto importante y prioritario para las organizaciones es el sistema educativo y de formación continua que ha tenido que migrar para poder continuar trabajando a distancia mediante el uso de plataformas seguras.

En todo ello, el papel de las ayudas, gasto e inversión gubernamental va a ser muy importante para la recuperación de la actividad, y conseguir que se vuelva a crear empleo después de la llegada de la vacuna.

El año 2020 nos ofrece un claro balance para repensar las seguridades desde las vulnerabilidades.

Como decíamos, la COVID-19 nos ha recordado que todos estamos conectados y que las acciones individuales y colectivas son fundamentales para resolver las grandes y globales amenazas, aunque la llegada de la vacuna abre las puertas a la esperanza y la recuperación de “otra normalidad”.

Seguridades e inseguridades. Presente y futuro, año cero, por Manuel Sánchez Gómez-MereloHa cambiado la percepción de los riesgos para las organizaciones de todo tipo, públicas y privadas, y sobre todo, se ha puesto de manifiesto las importantes vulnerabilidades de nuestras infraestructuras más básicas.

Estas circunstancias sin precedentes, que representan el mayor evento de riesgo global de la memoria reciente, han configurado las perspectivas de cambio y prioridades para el 2021, y resistirse a estos cambios no es una opción pues, si las organizaciones quieren funcionar y sobrevivir, tienen que adaptarse a estos cambios y afrontarlos con resolución y seguridad.

Han aflorado nuevos riesgos y oportunidades derivados de esta situación, tanto a nivel de la seguridad global como de la seguridad particular: del mundo que compartimos a la dimensión personal (mundo, país, ciudad, barrio, vecindad, vivienda, persona).

Es necesario reasegurar: Actividades (institucional, industrial, comercial, social); Transporte (internacional, nacional, local); Economía (global, local); Educación y Social (nacional, local, personal); Ciudadana (prevención, protección); Laboral (empresarial, autónomos); Sanitaria (global, local, personal) y un largo etcétera.

En resumen, las organizaciones públicas y privadas, grandes y pequeñas, tenemos un gran trabajo que hacer de cara a la reevaluación de riesgos. Es preciso asegurar, tanto la integridad del catálogo de riesgos, como su correcta priorización a la vista del nuevo contexto de las organizaciones, tanto externo como interno. Gestionar la incertidumbre a través de la identificación y evaluación de los riesgos es una herramienta y un método muy útil.

En este sentido, España dispone de multitud de infraestructuras estratégicas y críticas multisectoriales, lo cual sucede en casi todos los países. Pero, lo que diferencia y caracteriza sus inseguridades, son sus vulnerabilidades. En España es necesaria y urgente una política de auditorías de las vulnerabilidades puestas de manifiesto con motivo de la crisis sanitaria provocada por la pandemia de la COVID-19. Una idea que, de momento, parece estar ausente en la agenda política española.

La seguridad sanitaria es la precondición del reinicio de la actividad y del crecimiento. Y esto sucederá después de cifras y acontecimientos que todavía pueden ser dramáticos: mortalidad, incertidumbre, desorganización, etc.

La protección de la nueva normalidad, principal tendencia de ciberseguridad para 2021, requiere analizar las consecuencias de la sombra que la COVID-19 ha proyectado en su larga amenaza sobre la sociedad, pero también hay lecciones valiosas que aprender de todo ello. Una de estas lecciones es la que nos recuerda que permanecer diligentes y vigilantes, y rearmarse con conocimiento y medidas de seguridad, son los primeros pasos contra cualquier tipo de riesgo y amenaza.

Durante el 2021 los efectos de los cambios introducidos durante la pandemia de la COVID-19 continuarán siendo un punto clave para los equipos TI y de seguridad. Según una reciente encuesta, para el 79% de los consultados, la ciberseguridad y la protección de datos serán el principal riesgo de las organizaciones para el 2021.

La pandemia ha supuesto un cambio radical para todas las organizaciones que se han visto obligadas a dejar de lado sus planes estratégicos y comerciales para centrarse en proporcionar a sus empleados una conectividad en remoto rápida, segura y escalable. De hecho, el 80% de las organizaciones han adoptado el teletrabajo y más de un 60% planea establecerlo de forma permanente.

Las noticias sobre el desarrollo de vacunas, nuevas restricciones de movilidad o  actividades de ocio, seguirán protagonizando los titulares de los medios y serán los ganchos que utilicen los ciberdelincuentes para lanzar campañas masivas de phishing, tal y como ha venido ocurriendo.

Los trabajadores deben acceder a infraestructuras y datos críticos a través de dispositivos personales o mediante plataformas abiertas a través de Internet sin apenas seguridad, y pocos o ninguno de los planes de continuidad de negocio o funcionamiento estaban preparados para un cambio tan masivo en un espacio tan corto de tiempo.

Seguridades e inseguridades. Presente y futuro, año cero, por Manuel Sánchez Gómez-MereloEntre las principales amenazas a la seguridad global que enfrentarán las organizaciones en 2021 se encuentran: Los ataques de ingeniería social que se volverán más complejos y uno de los principales objetivos de ataque para los delincuentes (se espera que los actores de amenazas aprovechen la situación actual a niveles sin precedentes); Las deficiencias y carencias en la seguridad de los datos que causarán un efecto de ralentización en las organizaciones sanitarias; Los hospitales seguirán siendo un objetivo lucrativo de ataques de ransomware; El reinicio de la nueva normalidad, que atacará tanto a las personas como las organizaciones; La amenaza a las plataformas de automatización, eficiencia y protección en el ámbito de la ciberseguridad; La búsqueda de las vulnerabilidades en la identidad, y la responsabilidad del consumidor, de sus permisos y controles sobre sus datos en línea y con dispositivos conectados.

El año 2021 presenta grandes retos pero, también grandes oportunidades para una nueva reinvención de una sociedad más justa, ética y solidaria, si somos capaces de extraer las enseñanzas de la especial experiencia que estamos viviendo. Los gobiernos deben darse cuenta de los beneficios que tiene repensar las seguridades desde las vulnerabilidades.

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