Perla Negra u Odyssey, al fin y al cabo piratas


Si hablamos de “piratas” protagonistas, hoy tendríamos que estar refiriéndonos, tanto al navío La Perla Negra, de la ficción cineasta de “Piratas del Caribe”, como al barco Odyssey de la realidad de la empresa “Odyssey Marine Exploration” (OME), en ambos casos como piratas al fin y a la postre.

Piratas, cuya palabra proviene del griego y su significado es “el que emprende”, “el que intenta fortuna”. Unos piratas han sido y son ladrones del mar que actúan al margen de la ley y sus fines no son políticos, buscan su propio beneficio y antiguamente no servían bajo ninguna bandera que no fuera la Jolly Roger (o bandera pirata), hoy también.

Así, los principales blancos de los ataques piratas, durante los siglos XVI y XVII, eran mayoritariamente los barcos de bandera española o portuguesa, hoy también. Era precisamente así porque estos dos países monopolizaban el comercio entre Europa y el Nuevo Mundo. Sus buques cargados del oro y la plata de Las Indias, eran un suculento bocado para los piratas.

Por ello, aparecieron también los corsarios y muchos de ellos se convirtieron en piratas durante el periodo en el que España e Inglaterra firmaron la paz. Un barco corsario era aquel que navegaba a las ordenes de un rey y realizaba “actos de guerra” contra los intereses de un país enemigo (normalmente para debilitar su poder comercial y colonial). Los corsarios tenían en su poder documentos que autorizaban al barco a llevar a cabo tales actos, hoy también.

Y así, llegamos a nuestra era. Las películas nos cuentan los asaltos, robos y peripecias de los piratas de antaño y los periódicos y telediarios los fraudes y los robos de hoy en día, también. Una pequeña diferencia dentro de las realidades y es que los barcos piratas de antaño, como La Perla Negra de ficción, surcaban los mares y asaltaban los barcos españoles y hoy, los barcos españoles están hundidos con sus tesoros y son asaltados por los Odyssey, al mando de sus capitanes Jack Sparrow y Barbosa de turno.

Hoy, nuestra verdadera odisea comienza cuando el Odyssey, barco norteamericano que investiga el fondo de la Bahía de Algeciras (Cádiz) en busca del Sussex, un navío inglés de 40 cañones por banda que naufragó con un cargamento de oro en aguas del Estrecho de Gibraltar en 1694, debido a un fuerte temporal. Aunque, lo cierto es que la Junta de Andalucía, sospechaba que la expedición no tenía fines arqueológicos o científicos, sino empresariales a lo que se suma el problema y la dificultad de determinar a quién pertenecería el hipotético tesoro oculto en las bodegas del Sussex, además, del conflicto de intereses entre la salvaguarda del patrimonio cultural y el meramente especulativo de los cazadores de tesoros.

Finalmente, la realidad es que un botín de 17 toneladas (medio millón de monedas de plata y cientos de monedas de oro) ha sido recuperado de un barco naufragado en el Atlántico hace siglos, en el mayor descubrimiento de este tipo realizado hasta ahora, según anunció recientemente la empresa Odyssey Marine Exploration, artífice de este asalto y que han sido llevadas “legalmente” a Estados Unidos, según ha comunicado la compañía estadounidense en una nota de prensa.

Esta compañía cazatesoros de Florida, también ha declarado que el botín obtenido de monedas de plata y oro tiene un valor estimado de 500 millones de dólares (más de 370 millones de euros) y que ha sido recuperado en un lugar no revelado del océano Atlántico. Un tesoro que se espera alcance en el mercado un precio de hasta cuatro mil dólares cada moneda de plata, aseguró un experto en numismática.

La piratería, los líos y engaños están servidos. Así, según la Gaceta Náutica ha podido corroborar en fuentes militares, la Armada Española ha venido informando reiteradamente al Gobierno de los movimientos de Odyssey, en aguas territoriales españolas. Las prospecciones y extracciones se han realizado ante la impotencia de la fuerza naval española, a la que no se ha permitido intervenir a pesar de que la Ley de Auxilios, Remolques, Extracciones y Hallazgos de 1962 le otorga las competencias contra los cazadores de tesoros.

Lo cierto es que, en cuanto a su localización, se detectan mentiras muy burdas y fácilmente desmontables por varias razones. La primera, y más importante, es que los dos barcos de prospección de esta empresa, el Odyssey Explorer y el Ocean Alert, no abandonaron el Mediterráneo desde el pasado mes de febrero, como así lo prueba el seguimiento realizado por el abogado marítimo y colaborador de Gaceta Náutica Pipe Sarmiento a través del infalible sistema de posicionamiento por satélite Aislive.

Por otro lado, los diarios británicos han especulado con el misterioso barco del tesoro del Odyssey, cuyo nombre en clave es Black Swan (cisne negro), era el Royal Merchant, que se hundió al sur de Inglaterra en el año 1641. Pero, no es posible como se ha dicho que el tesoro pertenezca al Royal Merchant, ni tampoco al Sussex, porque la única moneda que se ha podido ver del cargamento trasladado a Florida es un real de a 8 de Carlos III, quien reinó en España entre 1759 y 1788, cien años después del hundimiento del primer navío británico y sesenta y cinco después del segundo.

Pero, la propietaria del Odyssey ha declarado ante la Corte de Florida haber encontrado el pecio con el “tesoro más grande de la historia” en la posición 49º 25’ N- 6º 00’ W, es decir en el océano Atlántico, cerca de las costas británicas y a muchas millas de distancia del puerto de Gibraltar, desde donde ha estado operando su buque insignia, el Odyssey Explorer, es decir, en aguas mediterráneas.

Igualmente, ni la compañía OME ni Inglaterra han probado que el barco hundido en las aguas españolas sea británico. Pero ello no les ha impedido llevarse el tesoro a plena luz del día, fletando un avión que ha salido de Gibraltar con destino a Estados Unidos.

Todo apunta a que la Odyssey Marine Exploration (OME) ha perpetrado el saqueo del pecio en clara connivencia con el Ministerio de Defensa del Reino Unido. Según un contrato al que ha tenido acceso la Gaceta Náutica. Al parecer los cazatesoros y la Armada británica acordaron en 2002 repartirse el oro del Sussex. Por su parte, la compañía ha añadido que dará a conocer la identidad del pecio sólo cuando haya sido confirmada por las investigaciones y que ofrecerá más detalles de las monedas cuando se haya documentado.

Pero, el tiempo es oro y la empresa OME ya ha publicado una web específica para que los interesados en comprar monedas y otros objetos extraídos del pecio de la polémica, bautizado como Black Swan (Cisne Negro), puedan dejar sus datos registrados con el fin de recibir la información sobre las piezas.

Lo cierto es que si ni el barco hundido es británico ni sus tesoros fueron recuperados en el Atlántico, la empresa cazatesoros americana Odyssey Marine Exploration, contratada por el Ministerio de Defensa británico, ha expoliado 17 toneladas de monedas de uno o varios barcos seguramente españoles en aguas del Mediterráneo y que el Gobierno español no ha hecho nada por evitar la sustracción de un patrimonio cuya propiedad y custodia, según todos los indicios, le corresponden por Ley.

Por su parte, el Gobierno español ha alertado a las autoridades policiales ante un posible delito de expolio del patrimonio nacional por parte de la compañía OME, mientras periódicos londinenses califican la extracción del tesoro de “robo”.

No obstante, España dice ahora que luchará por recuperarlo, pero no será nada fácil. Lo fácil hubiese sido impedir el expolio. Igualmente, el Gobierno español ha establecido que se reserva «la soberanía y los derechos sobre el buque, carga, artefactos y cualquier contenido» encontrado en el barco hundido.

Un portavoz del Gobierno ha afirmado recientemente que «tanto si el tesoro se ha sacado de aguas territoriales españolas o si es un buque español que fue hundido fuera de aguas territoriales españolas, en ambos casos sería ilegal».

Pero, como dicen en la película de piratas recién estrenada, la primera ley de la piratería es «sobrevivir» y hay que poner aguas de por medio. Esta atrevida acción se hizo momentos antes de que una juez pusiera los barcos de la empresa OME bajo orden de apresamiento y tal vez la diligencia judicial ha sido la mejor respuesta al atrevimiento de los cazatesoros pero, la realidad es que finalmente un barco de la Odyssey atracó en el muelle de Gibraltar y un avión de American Airlines, fletado especialmente, aterrizó en la colonia británica para ser cargado con el botín y volar a Tampa, Florida, donde tiene su sede la Odyssey Marine Exploration.

El asunto, como se ve, es de una gravedad tremenda y deja abiertas muchas incógnitas para el presente y para el futuro puesto que, además, los expertos calculan que en el estrecho de Gibraltar puede haber cerca de 400 barcos hundidos y lo que queremos es que ni se lo lleven ni lo expolien sin nuestra autorización.

Lo cierto es que si, según ha subrayado el Gobierno español, el Odyssey no ha recibido “nunca” autorización por parte de las autoridades para trabajar en el litoral español, esto ha sido simple y llanamente un acto más de piratería que deja a la realidad de Henry Morgan, Drake, Edward Teach (Barbanegra), a todos los filibusteros de la llamada Cofradía de los Hermanos de la Costa, e incluso, al ficticio capitán Jack Sparrow, a la altura de simples ladronzuelos.

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